La estructura de la piel
Para
poder comprender acabadamente las propiedades del aloe
sobre la piel, es preciso entender primero la estructura
de los tejidos dérmicos, y la función que cumple como
protectora y aislante del cuerpo de las agresiones del
medio ambiente. La piel humana, con una superficie total
de casi dos metros cuadrados, y 400 cc de volumen, está
compuesta por tres capas principales, cada una de ellas
estructurada, a su vez, en diferentes subcapas: una capa
exterior, superficial, denominada epidermis; la inmediata
inferior, o intermedia (dermis), y la más profunda y de
mayor espesor (hypodermis o tejido subcutáneo).
La epidermis. Está constituida a su vez por varias
capas: la externa o córnea, la intermedia o lucida, la
interna o granulosa y la capa basal que la separa de la
dermis. Entre la capa basal y la granulosa se encuentra
el cuerpo mucoso de Malpighi, donde se lleva a cabo la
reproducción de las células epiteliales, que forman las
capas intermedia y externa. Estas células se multiplican
con relativa rapidez, empujando hacia el exterior las
células que se encuentran inmediatamente por encima de
ellas. En contacto con el exterior, estas células mueren,
transformándose en diminutas placas córneas que son eliminadas
por el aseo, el roce con las ropas u otros agentes externos.
Este proceso se produce con distintas velocidades según
la edad, pero no se interrumpe nunca, por lo que la totalidad
de la superficie dérmica se renueva completamente en unos
pocos días. El proceso se desarrolla con mayor rapidez
durante la noche, fenómeno que ha dado lugar al concepto
popular de "sueño de belleza".
Esta capa exterior de la piel es, quizás, la más importante
en lo que respecta a cosmética, ya que en su superficie
se encuentran los orificios de salida del vello, como
así también los poros, es decir, la terminación de los
conductos de las glándulas sebáceas y sudoríparas, cuya
importancia es crucial en la formación de las arrugas,
la flexibilidad y la suavidad de la piel, especialmente
del rostro; más adelante volveremos sobre este tema.
La dermis. A diferencia de la epidermis, esta capa
está surcada por vasos san guineos y linfáticos, que permiten
la irrigación, y terminales nerviosas, que posibilitan
el sentido del tacto y la captación de las condiciones
del entorno. También se encuentran en ella las raíces
del cabello y el vello, los corpúsculos de Meissmer y
las glándulas sudoríparas y sebáceas; los conductos excretores
de estas últimas desembocan por lo general en un folículo
piloso, o parte del pelo que aloja a la raíz, por lo que
se las conoce también como glándulas foliculares.
Estas glándulas, distribuidas a lo largo de toda la superficie
dérmica (incluso aquellas escasas áreas carentes de vello)
proporcionan la grasa que mantiene flexible el cabello,
y de su mayor o menor aporte ocasiona los cabellos secos,
normales o grasos. A través de los conductos de las glándulas
sudoríparas se excreta al exterior del cuerpo el exceso
de agua; este proceso cumple dos funciones fundamentales:
expulsar productos nocivos disueltos en ella, y mantener
la temperatura corporal mediante la evaporación en la
superficie del cuerpo.
Sin embargo, para la cosmética de la piel propiamente
dicha, lo más importante son las fibras que entrecruzan
esta capa, que se dividen en fibras elásticas o musculares,
que son las responsables de la flexibilidad de la piel,
y las de colágeno, que determinan su firmeza o consistencia.
Una inadecuada alimentación de las células de estas fibras
provoca el endurecimiento de las primeras (piel seca y
resquebrajada, arrugas, etc.) y el debilitamiento de las
segundas (piel fláccida y rugosa).
La hipodermis. Es la menos importante en términos
cosméticos, y constituye el nexo de unión entre las capas
externas y los tejidos subyacentes. Está formada por tejido
conjuntivo, fibras de estructura laxa y tejido adiposo,
y no la recorren nervios ni vasos sanguíneos ni linfáticos.
La
cosmética y el aloe
Nuestro
organismo expulsa constantemente, a través de la piel,
una increíble cantidad de productos de desecho, disueltos
en agua, que conforman el sudor, o en materia grasa secretada
por las glándi ilas sebáceas. A excepción del agua, que
se evapora en contacto con el aire, el resto de los materiales
se deposita sobre la piel, lubricándola, pero también
cubriéndola con una capa de impurezas provenientes del
interior, a las que se suman los agentes agresores naturales,
como la lluvia, la nieve, el viento, el calor, el frío,
etcétera.
Normalmente, sin embargo, nuestra piel no debería tener
mayores problemas en enfrentarse con estas agresiones
y dominarlas, pero desafortunadamente, el hombremismo
ha agregado al entorno una larga lista de factores nocivos,
como la sequedad de los ambientes climatizados, el hollín
producto de la combustión de motores y calderas, la nicotina
del humo del tabaco, el gas butano de los aerosoles, las
características deshidratantes de los maquillajes y otro
sinfín de agentes perjudiciales que nos rodean constantemente,
especialmente en las grandes urbes. Por lo tanto, es preciso
agregar algunos cuidados extras a nuestra piel que contrarresten
estas amenazas artificiales, y el aloe parece ser el agente
perfecto para ello, ya que en cualquiera de sus formas
suministra enormes posibiilidades el cuidado de la piel
en general.
El
aloe y la piel. Son innumerables los principios activos
del aloe que se utilizan en cosmética, pero quizás los
efectos más importantes sean los que provocan los aminoácidos
-especialmente la aloína, fenilalanina, leucina y lignina-
sobre los poros de la piel, es decir, sobre los conductos
que comunican los distintos tejidos internos con el medio
ambiente exterior. La acumulación ya mencionada de las
impurezas ambientales, más los productos internos de desecho,
excretados al exterior por los conductos de las glándulas
sebáceas y sudoríparas, conforman una capa que se deposita
sobre la piel y que, si bien en su mayor parte puede eliminarse
con el aseo convencional, un gran porcentaje se deposita
en los poros obturándolos e impidiendo de esa forma gran
parte de sus funciones; entre estas funciones las más
importantes son: la eliminación de sustancias nocivas
desde los tejidos orgánicos hacia el exterior, el intercambio
hídrico de acuerdo con las condiciones internas y externas;
la remoción de las células epiteliales muertas, la lubricación
de la capa epidérmica por las glándulas sebáceas, y la
regulación de la temperatura corporal por las sudoríparas.
La cualidad más importante del aloe en relación con la
desobstrucción de los poros son las propiedades saponificadoras()
de la combinación aminoácidos/polisacáridos, que transforma
los depósitos grasos que obstruyen los poros y conductos
glandulares en sustancias jabonosas, fácilmente removibles
mediante el aseo cotidiano.
Esta limpieza de los poros facilita todas las funciones
mencionadas anteriormente, en especial el intercambio
hídrico, lo que a menudo hace que se califique al aloe
como "un humectante natural", cuando en realidad es todo
lo contrario, es decir, un poderoso astringente que tiene
la propiedad de limpiar en profundidad las tres capas
de la piel, ya que la desobstrucción de los poros y conductos
glandulares hace que sus agentes activos penetren con
mayor facilidad hasta la capa hipodérmica.
Con respecto a las propiedades regeneradoras del aloe,
se basan fundamentalmente en las vitaminas (A, B1, B2,
B6 y B12) y los azúcares vegetales (glucomannan, pentosa,
galactosa y otras), que lo convierten en un activo estimulante
biogénico, cuyas funciones cosméticas principales consisten
en flexibilizar las fibras elásticas dela dermis, fortificar
las fibras de colágeno y estimular la reproducción de
las células epiteliales en el cuerpo mucoso de Malpighi.
Otro de los agentes nocivos que suelen afectar el cutis,
especialmente el femenino, son los efectos deshidratantes
y contaminantes de los maquillajes, cuyas consecuencias
más visibles son las alteraciones del pH y la obturación
de los poros de la piel. Si bien estos resultados pueden
revertirse empleando los procedimientos indicados en los
puntos anteriores, lo ideal es prevenirlos, aplicando
antes del maquillaje una crema base de maquillaje. Esta
crema resulta muy sencilla de utilizar, ya que seca muy
rápidamente y protege el cutis de los efectos deletéreos
de ciertos productos cosméticos.
Protección para las manos. Las manos son otras de
las áreas muy afectadas por los agentes externos, especialmente
los elementos de limpieza, como detergentes, jabones,
lavandinas, etc., que agrietan, resecan y destruyen las
cébalas epiteliales a gran velocidad. Los principios activos
del aloe, con sus propiedades nutricias en primer lugar,
y la regulación del pH en segundo, resultan ideales en
estos casos. Las manos deben lavarse al menos 3 o 4 veces
al día, sobre todo antes de retirarse a descansar, con
un jabón de aloe, y agua tibia, para que se abran los
poros, y a continuación sumergirse en una loción oleosa
diluida al 50 % en agua tibia, frotando suavemente dentro
del liquido durante 10 minutos. Los aminoácidos presentes
en el aloe, especialmente la fenilalanina y la lisina,
hacen que la piel recupere rápidamente la elasticidad,
y suaviza asimismo la cuticula, a tal punto que puede
retirarse fácilmente con una toalla.
Tras el baño oleoso, aplíquese una crema para manos, friccionando
hasta que se reabsorba completamente; mientras que el
aloe revitaliza la epidermis y fortifica los compuestos
quitinosos de las uñas, la caléndula seda los músculos
de los dedos y el propóleo cura diminutas ulceraciones
y heridas que hayan podido producirse por las labores
cotidianas.
Cuidado
del cabello y cuero cabelludo. Si observamos cuidadosamente
un corte de un folículo capilar (lugar donde se implanta
la raíz de cada cabello), podemos ver que invariablemente
se asocia a él una glándula sebácea, cuyo conducto excretor
coincide con el de salida de éste. Esto significa que
el cabello crece continuamente lubricado, hecho éste imprescindible,
ya que, de lo contrario, su naturaleza quitinosa lo tornaría
frágil y quebradizo. Las cualidades saponificadoras del
aloe resultan muy apropiadas para regular esta lubricación,
para lo cual puede adoptarse un shampoo de aloe para el
lavado normal del cabello, y una loción capilar que puede
aplicarse una o dos veces por semana. Este mismo tratamiento
impedirá la formación de caspa, ya que facilita también
la lubricación del cuero cabelludo y controla la renovación
de sus células epiteliales.