Boletín científico Nº 38 - Página principal

¿QUÉ ES LA PIEL Y CÓMO CUIDADARLA CON ALOE VERA?

La estructura de la piel

Para poder comprender acabadamente las propiedades del aloe sobre la piel, es preciso entender primero la estructura de los tejidos dérmicos, y la función que cumple como protectora y aislante del cuerpo de las agresiones del medio ambiente. La piel humana, con una superficie total de casi dos metros cuadrados, y 400 cc de volumen, está compuesta por tres capas principales, cada una de ellas estructurada, a su vez, en diferentes subcapas: una capa exterior, superficial, denominada epidermis; la inmediata inferior, o intermedia (dermis), y la más profunda y de mayor espesor (hypodermis o tejido subcutáneo).
La epidermis. Está constituida a su vez por varias capas: la externa o córnea, la intermedia o lucida, la interna o granulosa y la capa basal que la separa de la dermis. Entre la capa basal y la granulosa se encuentra el cuerpo mucoso de Malpighi, donde se lleva a cabo la reproducción de las células epiteliales, que forman las capas intermedia y externa. Estas células se multiplican con relativa rapidez, empujando hacia el exterior las células que se encuentran inmediatamente por encima de ellas. En contacto con el exterior, estas células mueren, transformándose en diminutas placas córneas que son eliminadas por el aseo, el roce con las ropas u otros agentes externos. Este proceso se produce con distintas velocidades según la edad, pero no se interrumpe nunca, por lo que la totalidad de la superficie dérmica se renueva completamente en unos pocos días. El proceso se desarrolla con mayor rapidez durante la noche, fenómeno que ha dado lugar al concepto popular de "sueño de belleza".
Esta capa exterior de la piel es, quizás, la más importante en lo que respecta a cosmética, ya que en su superficie se encuentran los orificios de salida del vello, como así también los poros, es decir, la terminación de los conductos de las glándulas sebáceas y sudoríparas, cuya importancia es crucial en la formación de las arrugas, la flexibilidad y la suavidad de la piel, especialmente del rostro; más adelante volveremos sobre este tema.
La dermis. A diferencia de la epidermis, esta capa está surcada por vasos san guineos y linfáticos, que permiten la irrigación, y terminales nerviosas, que posibilitan el sentido del tacto y la captación de las condiciones del entorno. También se encuentran en ella las raíces del cabello y el vello, los corpúsculos de Meissmer y las glándulas sudoríparas y sebáceas; los conductos excretores de estas últimas desembocan por lo general en un folículo piloso, o parte del pelo que aloja a la raíz, por lo que se las conoce también como glándulas foliculares.
Estas glándulas, distribuidas a lo largo de toda la superficie dérmica (incluso aquellas escasas áreas carentes de vello) proporcionan la grasa que mantiene flexible el cabello, y de su mayor o menor aporte ocasiona los cabellos secos, normales o grasos. A través de los conductos de las glándulas sudoríparas se excreta al exterior del cuerpo el exceso de agua; este proceso cumple dos funciones fundamentales: expulsar productos nocivos disueltos en ella, y mantener la temperatura corporal mediante la evaporación en la superficie del cuerpo.
Sin embargo, para la cosmética de la piel propiamente dicha, lo más importante son las fibras que entrecruzan esta capa, que se dividen en fibras elásticas o musculares, que son las responsables de la flexibilidad de la piel, y las de colágeno, que determinan su firmeza o consistencia. Una inadecuada alimentación de las células de estas fibras provoca el endurecimiento de las primeras (piel seca y resquebrajada, arrugas, etc.) y el debilitamiento de las segundas (piel fláccida y rugosa).
La hipodermis. Es la menos importante en términos cosméticos, y constituye el nexo de unión entre las capas externas y los tejidos subyacentes. Está formada por tejido conjuntivo, fibras de estructura laxa y tejido adiposo, y no la recorren nervios ni vasos sanguíneos ni linfáticos.

La cosmética y el aloe

Nuestro organismo expulsa constantemente, a través de la piel, una increíble cantidad de productos de desecho, disueltos en agua, que conforman el sudor, o en materia grasa secretada por las glándi ilas sebáceas. A excepción del agua, que se evapora en contacto con el aire, el resto de los materiales se deposita sobre la piel, lubricándola, pero también cubriéndola con una capa de impurezas provenientes del interior, a las que se suman los agentes agresores naturales, como la lluvia, la nieve, el viento, el calor, el frío, etcétera.
Normalmente, sin embargo, nuestra piel no debería tener mayores problemas en enfrentarse con estas agresiones y dominarlas, pero desafortunadamente, el hombremismo ha agregado al entorno una larga lista de factores nocivos, como la sequedad de los ambientes climatizados, el hollín producto de la combustión de motores y calderas, la nicotina del humo del tabaco, el gas butano de los aerosoles, las características deshidratantes de los maquillajes y otro sinfín de agentes perjudiciales que nos rodean constantemente, especialmente en las grandes urbes. Por lo tanto, es preciso agregar algunos cuidados extras a nuestra piel que contrarresten estas amenazas artificiales, y el aloe parece ser el agente perfecto para ello, ya que en cualquiera de sus formas suministra enormes posibiilidades el cuidado de la piel en general.

El aloe y la piel. Son innumerables los principios activos del aloe que se utilizan en cosmética, pero quizás los efectos más importantes sean los que provocan los aminoácidos -especialmente la aloína, fenilalanina, leucina y lignina- sobre los poros de la piel, es decir, sobre los conductos que comunican los distintos tejidos internos con el medio ambiente exterior. La acumulación ya mencionada de las impurezas ambientales, más los productos internos de desecho, excretados al exterior por los conductos de las glándulas sebáceas y sudoríparas, conforman una capa que se deposita sobre la piel y que, si bien en su mayor parte puede eliminarse con el aseo convencional, un gran porcentaje se deposita en los poros obturándolos e impidiendo de esa forma gran parte de sus funciones; entre estas funciones las más importantes son: la eliminación de sustancias nocivas desde los tejidos orgánicos hacia el exterior, el intercambio hídrico de acuerdo con las condiciones internas y externas; la remoción de las células epiteliales muertas, la lubricación de la capa epidérmica por las glándulas sebáceas, y la regulación de la temperatura corporal por las sudoríparas.
La cualidad más importante del aloe en relación con la desobstrucción de los poros son las propiedades saponificadoras() de la combinación aminoácidos/polisacáridos, que transforma los depósitos grasos que obstruyen los poros y conductos glandulares en sustancias jabonosas, fácilmente removibles mediante el aseo cotidiano.
Esta limpieza de los poros facilita todas las funciones mencionadas anteriormente, en especial el intercambio hídrico, lo que a menudo hace que se califique al aloe como "un humectante natural", cuando en realidad es todo lo contrario, es decir, un poderoso astringente que tiene la propiedad de limpiar en profundidad las tres capas de la piel, ya que la desobstrucción de los poros y conductos glandulares hace que sus agentes activos penetren con mayor facilidad hasta la capa hipodérmica.
Con respecto a las propiedades regeneradoras del aloe, se basan fundamentalmente en las vitaminas (A, B1, B2, B6 y B12) y los azúcares vegetales (glucomannan, pentosa, galactosa y otras), que lo convierten en un activo estimulante biogénico, cuyas funciones cosméticas principales consisten en flexibilizar las fibras elásticas dela dermis, fortificar las fibras de colágeno y estimular la reproducción de las células epiteliales en el cuerpo mucoso de Malpighi.
Otro de los agentes nocivos que suelen afectar el cutis, especialmente el femenino, son los efectos deshidratantes y contaminantes de los maquillajes, cuyas consecuencias más visibles son las alteraciones del pH y la obturación de los poros de la piel. Si bien estos resultados pueden revertirse empleando los procedimientos indicados en los puntos anteriores, lo ideal es prevenirlos, aplicando antes del maquillaje una crema base de maquillaje. Esta crema resulta muy sencilla de utilizar, ya que seca muy rápidamente y protege el cutis de los efectos deletéreos de ciertos productos cosméticos.

Protección para las manos.
Las manos son otras de las áreas muy afectadas por los agentes externos, especialmente los elementos de limpieza, como detergentes, jabones, lavandinas, etc., que agrietan, resecan y destruyen las cébalas epiteliales a gran velocidad. Los principios activos del aloe, con sus propiedades nutricias en primer lugar, y la regulación del pH en segundo, resultan ideales en estos casos. Las manos deben lavarse al menos 3 o 4 veces al día, sobre todo antes de retirarse a descansar, con un jabón de aloe, y agua tibia, para que se abran los poros, y a continuación sumergirse en una loción oleosa diluida al 50 % en agua tibia, frotando suavemente dentro del liquido durante 10 minutos. Los aminoácidos presentes en el aloe, especialmente la fenilalanina y la lisina, hacen que la piel recupere rápidamente la elasticidad, y suaviza asimismo la cuticula, a tal punto que puede retirarse fácilmente con una toalla.
Tras el baño oleoso, aplíquese una crema para manos, friccionando hasta que se reabsorba completamente; mientras que el aloe revitaliza la epidermis y fortifica los compuestos quitinosos de las uñas, la caléndula seda los músculos de los dedos y el propóleo cura diminutas ulceraciones y heridas que hayan podido producirse por las labores cotidianas.

Cuidado del cabello y cuero cabelludo. Si observamos cuidadosamente un corte de un folículo capilar (lugar donde se implanta la raíz de cada cabello), podemos ver que invariablemente se asocia a él una glándula sebácea, cuyo conducto excretor coincide con el de salida de éste. Esto significa que el cabello crece continuamente lubricado, hecho éste imprescindible, ya que, de lo contrario, su naturaleza quitinosa lo tornaría frágil y quebradizo. Las cualidades saponificadoras del aloe resultan muy apropiadas para regular esta lubricación, para lo cual puede adoptarse un shampoo de aloe para el lavado normal del cabello, y una loción capilar que puede aplicarse una o dos veces por semana. Este mismo tratamiento impedirá la formación de caspa, ya que facilita también la lubricación del cuero cabelludo y controla la renovación de sus células epiteliales.

FUENTE: ALOE, MANUAL PRÁCTICO Y CLÍNICO. Pedro Crea.


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