Las quemaduras solares producen una inflamación
cutánea como resultado de una excesiva exposición
a la radiación solar. Los rayos ultravioletas de
la luz destruyen las células de la capa exterior
de la dermis, dañando los capilares subyacente.
Esta molesta afección se da con más frecuencia
en personas de piel clara, cuya epidermis se enrojece
y se cubre de ampollas. Si la quemadura es grave la piel
afectada cae tras algunos días. Debe recordarse
que, si bien una exposición gradual y moderada
al sol es beneficiosa para el organismo y facilita el
proceso de calcificación de los huesos previniendo
la osteoporosis, una exposición excesiva y continuada
puede provocar envejecimiento cutáneo, la aparición
de antiestéticos queratomas y, en algunos casos,
cáncer de piel (melanoma). Se recomienda, obviamente,
concentrarse en la prevención del fenómeno
(uso de cremas bronceadoras con adecuados filtros solares)
mientras que, para tratar las quemaduras, se aconseja
aplicar delicandamente jugo o gel de aloe puro sobre la
quemadura, teniendo la prudencia de no exponerse nuevamente
al sol en los días siguientes.
Las
quemaduras, dependiendo de la gravedad, pueden ser: 1)
quemaduras de primer grado, en las que la epidermis presenta
un erojecimiento que se cura rápidamente (es el
caso de las quemaduras solares); 2) quemaduras de segundo
grado, donde la piel se recubre de ampollas; y 3) quemaduras
de tercer grado, donde la piel queda tan dañada
que no hay más remedio que recurrir a un transplante
para recuperarla. El aloe es muy efectivo para quemaduras
de primer y segundo grado, de hecho gracias a sus propiedades
antibióticas y antibacterianas, previene las infecciones,
mientras que la isobarbaloína y los ácindos
cinámico y salicílico ejercen una eficaz
acción analgésica. Por último, el
acemanano facilita la regeneración de los tejidos
dañados. Tras haberla limpiado y enfriado, se aconseja
untar la zona afectada con una mezcla de jugo o gel puro
de aloe y miel.