Existen básicamente dos variantes frecuentes para conseguir
el gel de aloe, del que derivan la mayoría de los
productos que entran en el circuito comercial. Un método
sencillo (y económico), que da un producto de baja calidad;
y un método complicado (y caro) del que se obtiene un
producto con todos los principios activos y propiedades
beneficiosas del aloe vera intactas, y que es el que usamos
en Exialoe para elaborar nuestros productos.
El
método sencillo: Para la fabricación se utiliza toda
la hoja, incluyendo la piel y se hace puré de todo el
conjunto. El problema de esta variante es la aloína, un
líquido de color amarillo que se encuentra justo debajo
de la piel de la hoja. Esta aloína tiene un efecto altamente
laxante. Un extracto, conseguido de esta manera, no sería
apto ni para niños, ni para embarazadas para tomarlo durante
un largo tiempo. Por lo cual la aloína hay que extraerla
a posteriori. Este proceso se consigue mediante un filtro
de carbono. La gran desventaja de esta forma es que el
filtro no solo filtra la aloína si no también importantes
elementos de la planta. El producto final que se obtiene
de este modo es un zumo muy transparente sin fibras con
un efecto muy reducido.
El
método complicado: Para la fabricación del extracto
bebible de nuestros productos se utiliza exclusivamente
la parte del interior de la hoja y no la piel. La forma
de conseguir el filete de la hoja es cortarla a mano.
El resultado es un líquido gelatinoso, que sigue manteniendo
todas las sustancias activas que posee el Aloe Vera, incluyendo
hasta las fibras y tiene un aspecto turbio de forma natural.
El resultante se estabiliza en frío y en origen
(Nuevo México) para que todos sus componentes se
mantengan inalterados y aporten todos sus beneficios sin
que estos sufran merma alguna en el procedimiento de elaboración.
Otros
métodos: Existen aún más formas de elaborar líquidos
a base de aloe vera, las cuales no vale la pena detallar
aquí puesto que las demás formas hacen que el extracto
gelatinoso de la planta será convertido en concentrado
o en polvo, a través de un proceso mediante el cual se
destruyen la mayoría de los elementos importantes. Además,
este concentrado suele mezclarse luego con agua en proporciones
tan bajas que el efecto que pueda tener es un mero placebo,
ya que la riqueza que se fabrican con el concentrado no
suele superar el 10% en el mejor de los casos.