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ALOE
VERA, UN MILAGRO PARA LA PIEL
Los principios terapéuticos del aloe vera se conocen
desde hace más de 5000 años, desde Hipócrates hasta Linneo
se incluye en todos los herbarios y hay constancia documental
de su presencia en todas las grandes civilizaciones de la
Antigüedad. Ya los egipcios lo usaban, mezclándolo con mirra
y otras sustancias, para el embalsamamiento de cadáveres,
ellos le dieron el sobrenombre de "planta de la inmortalidad".
Aunque
se dice que las reinas Nefertiti y Cleopatra utilizaron
la pulpa de aloe como cosmético, lo cierto es que sus principales
usos eran curativos (llagas, heridas, ezcemas…) y sus extraordinarias
cualidades para la piel no empezaron a aplicarse de forma
universal hasta que en 1970 se consiguió estabilizar el
jugo, logrando así conservar sus principios activos durante
años.
Por
su aspecto el aloe parece un cactus, pero en realidad pertenece
a la familia de las liliaceas, como el ajo, el lirio o el
tulipán. Es una especie de las llamadas suculentas, es decir,
que contiene una gran cantidad de jugo. Precisamente ese
succus cargado de extraordinarias propiedades es el que
la convierte en la indiscutible reina de las plantas medicinales.
Existen más de 250 variedades de aloe, de las que
sólo unas pocas (aloe vera barbadensis, aloe arborescens,
aloe ferox…) son empleadas en la elaboración de productos
de belleza, porque aunque son muchas las aplicaciones que
tiene, es precisamente en la piel donde sus cualidades resultan
más visibles.
El
secreto de poder curativo está en el vigoroso efecto que
producen sus principios activos al interactuar. No es fácil
encontrar en la naturaleza una planta que reúna tantas propiedades
beneficiosas para la salud en general y para la piel en
particular. Se han descrito más de 100 sustancias contenidas
en el aloe vera que mejoran el funcionamiento cotidiano
de nuestro organismo, entre las que destacan: vitaminas
(A, B, C y E), minerales (calcio, fósforo, potasio, hierro,
sodio, magnesio, cromo, cinc…), aminoácidos esenciales,
enzimas, mono y polisacáridos, saponinas, antraquinonas…
Este cóctel de sustancias sinérgicas resultan esenciales
para la curación de enfermedades y dolencias de afectan
a la epidermis tales como psoriasis, acné, alergias, alopecia,
contusiones, picaduras, quemaduras, cortes, eczemas, hemorroides,
llagas, varices, grietas, etc.
Estudios
recientes demuestran que la piel tiene memoria y va acumulando
las lesiones provocadas por el sol, que la quema; el aire,
que la seca; y del tiempo, que la oxida. Junto a estos agentes
externos, la otra gran causa del envejecimiento cutáneo
es la acción de los radicales libres, moléculas inestables
que destruyen las células, reduciendo la producción de colágeno
y provocando la aparición de arrugas y la pérdida de firmeza
y elasticidad. Gracias a su composición y a los principios
activos antes mencionados, el aloe vera combate eficazmente
las causas del envejecimiento de la piel. A su efecto hidratante
y nutritivo se une su asombrosa capacidad de producir fibroplastos,
células responsables de la fabricación del colágeno y la
elastina, sus enzimas estimulan las reacciones químicas
que actúan en la reconstrucción de tejidos y la regeneración
celular, devolviendo firmeza a la piel y recuperando el
equilibrio perdido por el paso del tiempo o la excesiva
exposición a los rayos ultravioletas. Además de este efecto
corrector, numerosos ensayos han demostrado que el aloe
es un potente antioxidante, neutraliza los radicales libres
y ejerce una acción preventiva en la aparición de manchas,
arrugas prematuras y otras imperfecciones de la piel. Os
animo a que probéis y comprobéis las maravillosas cualidades
de esta planta "milagrosa".
BOLETÍN
DE ELABORACIÓN PROPIA (Pedro Sánchez Torrente)
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